domingo, 1 de marzo de 2009

"MENSAJE SIN DESTINO" Un analisis de la obra de Mario Briceño Iragorry

Hace medio siglo, cuando Mario Briceño Iragorry, entre afligido e indignado, escribía su obra Mensaje sin Destino, en términos afectados por el escenario en que se desenvolvía el país durante esa época; apenas se mostraban las primeras manifestaciones, de lo que llamaría “crisis de pueblo”, pero él, "historiador militante", intuía con preocupación lo por venir. Con un pensamiento patriótico, manifiesta que esta “crisis de pueblo”, es producida por la falta de sentido histórico del pueblo venezolano.

“Empieza por constatar la quiebra de nuestra cultura. Observa que el país carece de responsabilidad. Señala que nos aqueja en demasía la presunción y por ello encuentra que somos una nación antihistórica”.

“Que nos hemos acostumbrado a tener una historia preferentemente bélica, repleta de la “liturgia de la efemérides” y, como consecuencia de ello, nuestros escritores de historia se han referido muy pocas veces en sus obras a los valores de la historia civil, a los hechos constructivos de los tiempos de paz”.

“..nuestra gente no ha logrado asimilar su propia historia en forma tal que pueda hablarse de vivencias nacionales, uniformes y creadoras, que nos ayuden en la obra de incorporar a nuestro acervo fundamental nuevos valores de cultura, cuyos contenidos y formas, por corresponder a grupos históricamente disimiles del nuestro, puedan, por aquella razón, adulterar el genio nacional.”

“Lamentablemente andamos lejos de gozar la recia posición constructiva que nos ponga en posesión de aquellos instrumentos de educación cívica. Se rinde “culto“ a los hombres que forjaron la nacionalidad independiente, pero con culto que se da la mano con lo sentimental más que con lo reflexivo”…“Poco hemos hecho, en cambio, para formar una teoría ejemplar de lo bolivariano;”

“También nos valemos del Libertador para cubrir con los resplandores de su gloria lo opaco y menguado de nuestra realidad cívica. Y como es padre de todos, cualquiera se cree con derecho a interpretar sus pensamientos, y aún de ponerlos al servicio de intereses foráneos”.

“Si descabezamos nuestra historia, quedaremos reducidos a una corta y accidentada aventura republicana de ciento cuarenta años, que no nos daría derecho a sentirnos pueblo en la plena atribución histórico-social de la palabra. Y si para esos ciento cuarenta años admitimos la procedencia de los varios procesos segmentarios, de caída y ascenso, que determinan los cognomentos partidistas de Federación, Fusionismo, Regeneración Reivindicación, Legalismo, Restauración, Rehabilitación y Segunda Independencia, habremos de concluir que lejos de ser una Venezuela en categoría histórica, nuestro país es la simpe superposición cronológica de procesos tribales que no llegaron a obtener la densidad social requerida para el ascenso a nación. Pequeñas Venezuelas que explicarían nuestra tremenda crisis de pueblo. Sobre esta crisis se justifican todas las demás y se explica la mentalidad anárquica que a través de todos los gobiernos ha dado una característica de prueba y de novedad al progreso de la nación. Por ello a diario nos dolemos de ver cómo el país no ha podido realizar nada continuo. En los distintos órdenes del progreso no hemos hecho sino sustituir un fracaso por otro fracaso, para lograr como balance, la certidumbre dolorosa de que nuestra educación, nuestra agricultura, nuestra vitalidad, nuestra riqueza misma, viven en una permanente crisis de inseguridad y de desorientación.

Una historia establecida por los historiadores a partir del colonialismo sin realismo, sin mirar atrás, con dificultad para encontrar identidad cultural; y una apetecible riqueza como el petróleo, que no sabemos si es bendición o maldición, fue el mejor escenario para el Imperialismo penetrar en nuestra sociedad. Mario Briceño Iragorri, “trataba de prevenir sobre la distorsión de valores que el petróleo había producido y sus graves consecuencias en el futuro”.

Aún así, la presencia y la influencia del poder petrolero transnacional en el país produjo la degradación del Estado nacional y su transformación en un ente jurídico formalmente independiente eco de la orientación política del Estado Norteamericano. Provocando una subasta de la riqueza pública, distribuida sumisamente entre los grupos financieros, amos del capital multi-transnacional, y la formación de una "clase política", burocrática, depravada y viciosa; sin escrúpulos morales ni éticos, integrada por gente proveniente de todos los agrupamientos políticos, cualquiera hubiera sido su fundamentación doctrinaria en el pasado inmediato. Es una clase con tendencia a estratificarse, y con espíritu de cuerpo.

“…Me duelo de que, por carencia de un recto y provechoso sentido histórico de la venezolanidad, hubiéramos referentemente utilizado los recursos petroleros para satisfacer nuestros bajos instintos orgiásticos, antes que dedicarlos a asegurar la permanencia fecunda de lo venezolano, y ello después de haber olvidado ciertos compromisos con la nación para mirar sólo la zona de los intereses personales. Cuando radico en lo histórico la causa principal de nuestra crisis de pueblo, no miro únicamente los valores iluminados de cultura que provienen del pasado. Me refiero a la historia como sentido de continuidad y de permanencia creadora. Pongo énfasis al decir que nuestro empeño de olvidar y de improvisar ha sido la causa primordial de que el país no haya logrado la madurez que reclaman los pueblos para sentirse señores de sí mismo. ¿No nos quejamos diariamente de la falta de responsabilidad con que obran quienes asumen cargos directivos sin poseer la idoneidad requerida?”

“La nuestra vida de pueblo tal vez se haya opuesto a la adopción de una actitud que facilite el proceso de disociar circunstancias para ir a una síntesis de cultura, el mismo espíritu anárquico que se abultó en nuestro medio como consecuencia de la conquista y de su mal aprovechamiento a la vez de una temprana y generosa conciencia igualitaria.”

Durante los cambios ocurridos se conforma la mentalidad colectiva de Venezuela, sociedad global neocolonial y se observan algunas variaciones desfavorables a la permanencia en el tiempo de la comunidad venezolana. Originando una reducción a mínima expresión de los valores determinantes del carácter social y de la personalidad básica del hombre venezolano; y una transculturación de la cultura nacional. Afectando desde nuestra alimentación hasta nuestro idioma, el castellano. De allá, del Imperio, importamos a precio de dólar-petróleo, no sólo las mercancías y granos que antes se producían en el país, sino también los patrones de conducta que han pervertido, en todos sus estratos, a la comunidad nacional.

“En ninguna parte del Nuevo Mundo influyeron tanto como en Venezuela los factores externos para modificar al poblador venido de ultramar. Trescientos años de residencia americana fueron suficientes para que el hombre nuevo de extracción hispánica y el propio peninsular postreramente llegado adquiriesen una visión más universalista de la vida y sintieran, como resultado de los cruces sanguíneos, la justeza de los ideales igualitarios.”

La vocación igualitaria del criollo creció en razón del nivel doloroso y fraternal creado por la Guerra a Muerte, la cual junto con la devastadora Guerra Federal, forió la democracia social que caracteriza a nuestro país.

“Sin embargo el goce de la igualdad no ha correspondido entre nosotros a sus verdaderos conceptos y alcances. Olvidando muchos que la igualdad se limita a garantizar el derecho de identidad en las oportunidades, se la ha tomado como “facultad para hacer todo lo puede el vecino”, sin parar para ello en que las mas de las veces ese todo está relacionado con una legitima categoría de cultura.”

La educación formal e informal, en todos su sus niveles, también fue penetrada y afectada negativamente, porque ese Estado la orientó progresivamente a partir de los años sesenta, a introducir en la conciencia colectiva la sumisión espiritual frente al carácter despiadado de la dominación imperial en la modalidad imperio del dólar. El objetivo de esa educación es formar un venezolano con una personalidad básica egoísta y con principios de desigualdad social, que se siente cuando analizamos todos los niveles sociales: en un extremo la opulencia que domina, en el otro la pobreza extrema y, en los estratos medíos un empobrecimiento progresivo. Esto le permitiría al Imperialismo norteamericano aplicar un proceso de globalización sin mucho esfuerzo.

Si revisamos el último medio siglo de historia en Venezuela, observamos que Mensaje sin Destino tiene el valor de una premonición, o más exactamente, de una comprensión. Mario Briceño Iragorry teniendo como referencia lo que observaba en la realidad de la Venezuela de su tiempo, estuvo en condiciones intelectuales y espirituales para analizar la evolución económica, social y política y cultural de nuestra patria en un futuro inmediato. No hay la menor duda: Venezuela es en la actualidad privilegio de una clase: de un estrato, preferentemente de origen foráneo; una auténtica crápula financiera usuraria especulativa, carente del más mínimo espíritu de lo nacional venezolano. Este proceso comenzó inmediatamente posterior a su prematura y lamentable desaparición física. No se observaba como rasgo cualitativamente dominante en los años en que el notable pensador escribió su Obra.

“La anarquía indisciplinada y la desagregación mental, que son reatos dolorosos de la sociedad venezolana, sumados a la carencia de vertebración moral ocasionada por nuestra imperfecta asimilación de la Historia, explican nuestra crisis de pueblo, causa y efecto de las otras crisis que tratan de investigar los críticos: responsabilidad, jerarquía, urbanidad, literatura, libertad, economía, institucionalismo...”

La ausencia de un verdadero proyecto de desarrollo para la nación donde lo nacional-venezolano y lo humanístico universal se conjugaran armoniosamente; y la existencia de una élite dirigente subordinada al capital extranjero, tanto en lo económico como en lo político y lo cultural, determinó que el proceso de construcción de identidad nacional no tuviera un desarrollo pleno. Por ello la cultura norteamericana se convirtió en el paradigma de gruesos sectores de la población venezolana, sin que los distintos gobiernos hayan hecho mayores esfuerzos por revertir esta situación. De esta forma vemos que la identidad nacional coexiste con mentalidades que valoran negativamente nuestra cultura y admiran la sociedad norteamericana. Las expresiones concretas de esa admiración van desde los nombres propios que los padres colocan a sus hijos, hasta los gustos musicales, la moda y las grandes aspiraciones individuales de cada quien.

Si queremos revertir esta situación y heredarles a nuestras futuras generaciones una patria propia, es necesario que cada uno de nosotros, desde nuestro eje, sembremos una identidad nacional basada en nuestra cultura, mirando hacia atrás en nuestra historia, para entender porque nos ha tocado vivir todo cuanto hemos vivido y padecido. Sólo así concebiremos los conceptos necesarios para generar las transformaciones que demanda nuestra nación en la actualidad.

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