martes, 24 de febrero de 2009

Reflexión de la Clase Nº 3

La Administración Pública es el organismo o conjunto de entes que un Estado encarga para gestionar y defender los intereses públicos, proteger los derechos y vigilar el interés general de la ciudadanía. Al respecto, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece en el artículo 141 lo siguiente:

“La Administración Pública está al servicio de los ciudadanos y ciudadanas y se fundamenta en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, con sometimiento pleno a la ley y el derecho.”

Uno de los problemas más importantes de la democracia venezolana ha sido la excesiva intromisión de aspectos políticos-partidistas en la dinámica del sector público. Mientras escribimos miles de ciudadanos sufren las penurias del sistema hospitalario o mueren a manos del hampa. El comentario viene al caso pues existe una discusión muy importante en términos del tamaño y competencias del ámbito público. El debate acerca del papel del sector público es muy extenso, algunos consideran que debe limitarse y otros, por el contrario, que debe ser fortalecido. Ahora bien, independientemente del tamaño y funciones del Estado consideramos que se impone la necesidad de que cumpla eficientemente su misión.

Trabajar en una organización pública, salvo contadas excepciones, implica convivir con un personal mal pagado, poco motivado. Acostumbrado a hablar mal de su trabajo y con alta resistencia al cambio. Personas que quieren ser remunerados como jefes sin que eso implique mayor responsabilidad. Por otra parte, los cuadros gerenciales se hacen los sordos ante las necesidades, legítimas o no, del personal. “Radio pasillo” sustituye la comunicación formal. La comunicación organizacional se limita a la redacción de revistas o de estudios para fomentar el clima y la cultura institucional.

Existe poco contacto entre los jefes y su personal. Para los de arriba “el personal es flojo” y para los de abajo “los jefes son déspotas”. La noción de equipo pocas veces se maneja. Cada cual cumple, cuando lo hace, con sus funciones. A pesar de los problemas se cumplen las metas, tarde, a veces mal pero se cumplen.

El funcionamiento de los hospitales o la educación pasa a segundo plano ante la demagogia. Si ayer Anito convenció a la masa que Sócrates debía beber la cicuta, hoy los políticos reparten dinero a un pueblo a cambio de votos y los convencen de vivir a fuerza de la caridad gubernamental. Un día cae el ídolo de turno y nos refugiamos en otro. Mientras la Administración Pública se debilita. Como dice la sabiduría popular: los gobiernos pasan, el hambre queda. Para erradicar el hambre debemos contar con un sector público fuerte y al servicio de la colectividad.

Es probable que un funcionario público califique de loco a quien le diga que su trabajo carece de imaginación. “Con qué se come eso de la imaginación” respondería el desprevenido funcionario. “Mi trabajo es técnico” es otra posible respuesta o “tengo 10 años haciendo el mismo reporte qué imaginación ni que ocho cuartos” ¿Ese asistente administrativo traspasa el día a día en busca de explicaciones? Generan las disertaciones aumentos en la quincena.

Convivimos con expresiones de desaliento por parte de los funcionarios, constantes quejas y añoranzas de un mejor empleo.

Transferimos las decepciones de un pobre país rico al ámbito público. La autoestima del venezolano se refleja en las oficinas gubernamentales ¿Por qué casi nadie sale bien en la foto del documento de identidad? Será por lo incómodo de su tramitación. Es probable que la misma energía empleada en lamentarnos por todos los males del planeta sirviera para mejorar sólo un poco los quehaceres cotidianos.

Otra muestra son las famosas reestructuraciones de organismos públicos. Durante una gestión se eliminan dependencias que en el futuro serán retomadas. Se cambian nombres pero se mantienen viejos vicios. Varían las identidades gráficas y se empeoran las prácticas.

El avance de la burocracia supone la falta de imaginación y de motivación transformadora para luchar por un mejor país. A pesar de estar en pleno siglo XXI y disfrutar de muchos avances tecnológicos la situación de la Administración Pública parece estar anclada en otro momento histórico.

Cómo mejorar si muchas veces los gerentes parecen capataces de una hacienda. Si los funcionarios adeptos al gobierno de turno se consideran intocables por su esfuerzo en pro del partido. Quienes adversan al partido son relegados y castigados. Lejos de incluir segregan. Todo lo viejo, lo que huela a la gestión pasada es borrado sin tomar de ello los aprendizajes pertinentes.

El sector público refleja el autismo social de Venezuela. Se debate entre los postulados de servicio público y la lógica partidista clientelar.

Si queremos salir del siglo XXI es necesario tomar conciencia de las complejidades y diversidades presentes en nuestra sociedad, ponerlas a trabajar en conjunto. Mirarnos, oírnos y hablarnos con un poco de esperanza y tolerancia.

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